Faltan correctores | Opinión | EL PAÍS Cataluña



«Sisplau, don’t donis el meu nom». Sembla lied com hem arribut fins aquí. Els que fa anys (décadas i tot) ens se dedican a la corrección de textos y la closca no buscaba canas sino negras, ens fem creus de la abundancia de feminidad que tenemos, en particular en el sector editorial, en particular en el campo literario. Cada noticia que afecta al sector (sobre un magnate de la comunicación que refunda una editorial moribunda; sobre un grupo editorial que crea un segell para la investigación de géneros; sobre un nuevo premio literario) repercute en los que quedan en la bodega, beneficiándose de la abundancia de mujeres dado el aumento de títulos publicados. más títulos corregidos más textos.

También logró un equilibrio exitoso en el que, en esta situación, podría: 1) tener suficiente trabajo para tener un trabajo de tiempo completo sin necesidad de renunciar, en caso de que algún día se le acabe; 2) poder atender a diferentes clientes sin repetir negativas y siempre y cuando sigan confiando en ti; y 3) evitar decir que sí a todo y por tanto evitar la feina en exceso, esa que será trebando de nits i de caps de semana. Tienes la feria feina, ferent aves, encabat del mes feies les teves facturas i qui dia passa cualquier empeno. Ara No. De fa uns mesos, lo más normal es que te cuelgues de feina y repitas negativas de editoriales en las que no has colaborado. Luego tratan de encontrar a alguien que pueda ganar, el ganador es ayudar a dos personas, pero la compañía que dios está contigo. «Sisplau, no donis el meu nom», «no tinc més hores», «estic saturat» son versiones del tema mesmes.

Esta situación tiene que convivir con la paradoja de ser un país de philôlegs (tothom lleva corrector en dins y más si tienes Twitter) y encontrarnos en una capital del sector editorial de primer nivel. Pero esto no deja de ser la consecuencia lógica de la consideración de que oficio hay tingut dins tant del gremi dels filôlegs com del sector editorial mesmes. Allà als anys Noranta iniciará la migración del concepto de editor de texto al d’evaluador lingüístico, una etiqueta que parecía cargada de glamour y que potenciaba una gama más amplia de estricta propiedad. L’assessor linguistique so much et po corrige un sitio web, transcribe una sesión parlamentaria o ayuda en la filmación para asegurar una pronunciación correcta. Si la corrección ja carregava amb es un desprestigio secular (las facultades de filología siempre se han considerado con la FP de filología y no tenían previsto formar a los alumnos en estas tareas, hablarán de la evolución de las bilabiales), amb l’eclosió dels chirumen profesionales de la lengua fue degradado a friquizatcio.

Paralelamente, hemos visto con las universidades que han empezado a ofrecer formación lingüística en sectores como el audiovisual (también una crisis endémica en catalán), mientras que la formación correccional se limita a la lengua estándar y la literatura en particular se ha convertido en un desierto. . Sin embargo, en medio de noticias relacionadas con la buena salud del sector editorial y los editores aumentando significativamente el número de postulantes, el número de lingüistas convocados por la CCMA terminó con 450 postulantes. El desequilibrio es evidente. El sector editorial tampoco ha ayudado en las últimas décadas a la dignificación de la profesión: la invisibilidad de los préstamos de libros, los plazos imposibles, los tipos de interés no negociables y la necesidad de autosuficiencia han conseguido encontrar muchos buenos profesionales que o bien se dedican a la corrección de textos en de manera temporal fins que trobaven kelijus cosa millor (o kelijus cosa), o bé fueron incluidos como editores de taula per les memisches editoriales a cop veien than a mica in sabien.

Afortunadamente, a partir de la cinta del sector que coses, cambian. Ahora hay editores que se miman una vez más, suman créditos o suman dinero a las redes y se sienten parte de un equipo que trabaja en casa todo el tiempo y es un fan que participa en un proyecto terminado Hola, hay editores que tienen una cura para los precios y puedo ver que no van a reventar. Ahora es necesario que filólogos y lingüistas crean y vean a esta feina con una opción de futuro que valga la pena formarse – s’hi, entregarse – s’hi profesionalmente y viure d’pizzo.

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