Las tres mansiones de Walter Benjamin en Barcelona | cultura



Según Walter Benjamin, la mirada puede identificar ciertas «causas proféticas», entidades que tienen el poder de vislumbrar el futuro, frente a que «todos los que han llegado han triunfado», dijo. Si es así, el período de entreguerras —con la mimse figura de Benjamin, visionario aviso del foc futur— es el “racó profético” de nuestra historia moderna: un tiempo de cierta esperanza, embogit per la por i els desitjos.

En ese momento, Benjamin, que salvó la búsqueda de las huellas del pase, el trovador al que se enfrentó no lo era, dejaría constancia en sus escritos de la inminente fragmentación de la realidad, cuando la idea de Ordre dio paso a la de un nuevo y explosivo uno: trencament amb el món vell i l’arribada d’una avantguarda, cautivados por el pulso de la transformación. Darrere les seves lents —llums largues que iluminan una vista de múltiples paredes— Benjamin traza un futuro impulsado por la confianza en la sistematización, la técnica y el progreso. Un nou món d’una indivisible complejo microscópico, diría un joven Josep Pla.

Benjamin, uno de los pensadores más influyentes de nuestro tiempo, desgraciadamente un cameo con el superpoder de la predicción -el motor de su andar no es les cames, sino els seus ulls indòmits-, un vagabundo disléxico, es un guía sorprendente de rutas cotidianas, d’ aloho popular , de vulnerabilitats y de parcelas urbanas, personas que no sabían utilizar los mapas. Seguí sus huellas y encontré que alguna de las travesías lo habría llevado a Barcelona, ​​la ciudad de Paz, tres vegas.

El primer policía estará de camino a Nápoles durante tres días, entre finales de agosto y principios de septiembre de 1925. Buscando, investigando, sabemos que la ciudad llamará la atención «por el exotismo sencillo de les nins barcelonines, que en los comptes de cor llevan un billete de sucre a la fosa”, y creemos que poterz n’hi le dará uno a su stephane raphael. Es probable que también atraigan la atención de los destinos turísticos. Durante la infantesa viajó en viatgera y repartió postales de todos los lugares que visitó. «Siento que una mena de dubte, cap llibre d’adventures m’ me influenció tanto en mi amor por la viajera con las postales que me prodigó durante sus largos viajes», admite.

Puerto porno

Vagabundo disléctico, es una maravillosa guía d’itineraris de la vida cotidiana, d’allò popular

En una carta escrita en Nápoles el 25 de septiembre de 1925 a su amigo Gerhard Scholem, Benjamin describía Barcelona como «un puerto bullicioso que imita exactamente a los boulevards petit els de París». “He viajado por todas partes, he consumido veure cafès i bars populars en racons molt amagats abandonant-me part als meus vagarejos perseverants”, prosigue. I li diu també: «Tots els lomlocs en la finca, he visto cafeterías y bares de la clase trabaladora en zonas muy concurridas, en parte porque hay em portava el meu serpenteig permanente». No lo sabemos, pero es probable que la segunda calle favorita sea la Rambla, paradójicamente viejos y nuevos caminos, el entorno natural de rebutjats y perduts, verdaderos héroes de la historia humana, según Berliner.

Caminant i mirant, viendo un montón de revistas pornográficas y novelas eróticas en los quioscos de la Rambla, Benjamin escribió más tarde un artículo titulado «El monopolio estatal de la pornografía», publicado el 9 de diciembre de 1927 en la revista Die literarische Welt. En este texto, hablando de pabellones, Benjamin explica que «quien deambula por las calles de Barcelona es muy voltat d’cesitas construcciones bigarrades expuestas al respiradero», y señala que en los catálogos eróticos es posible encontrar firmas de autores «respectats i fins i tot escritores de la categoría de Gómez de la Serna». Dije que las revistas pornográficas estaban llenas de «nombres amables y nombres comerciales, reseñas y juramentos, fórmulas de devoción y obscenidad» y hablé del «potencial de energía para impulsar la dínamo de la acción creativa». Imagínese el brillo de la cerveza de Benjamin brillando bajo el sol del Mediterráneo mientras presenta una propuesta: «la reivindicación del monopolio estatal de toda la pornografía y la socialización de esta considerable fuerza de energía», para hacer de este género popular «una reserva exclusiva de la flor y nata de los ilustres poetas’, ampliando seves tasques amb financier público y convirtiendo al poeta de nuevo en ‘fontaner d’una babel nova i confortable’. Entre las runas de la lengua, la idea del juego errante es animar y enriquecer la lengua — i potzer, qui ho sap, también la vida sexual de estos vells anys vint — liberación de muchachas elementales y expresiones catastróficas.

Más allá de la boutade, el artículo es extremadamente benjaminià think-raig, esa “capacidad de considerar y, a partir de un pequeño detalle, elaborar pensamientos complejos o elementos filosóficos originales y de altos vuelos”, reflexiona Rossend Arques, catedrático de filología francesa y románico. en la UAB y traductor al catalán de l’article esmentant, publicat a Sabre, dirigido por Josep Ramoneda, l’any 1986.

humanidad frenética

Benjamin vuelve a Barcelona per segon cop l’abril de 1932. Sale de Hamburgo a bordo del carguero Catània y espera en la ciudad unos días para coger una gorra de vavil para Eivissa, con una vida frugal, sentado como uno de los primeros alemanes, Siéntete radical livres i bruns vora del Mar Balear. En un relato titulado «El mocador», deja una imagen de esta segunda estancia: «Reuniendo a través de los prismas los diferentes aspectos de la imagen sens dubet incomparable que ofrece Barcelona desde el barco, creí haber encontrado la respuesta a esta pregunta. El sol se ponía sobre la ciudad y semblava fondre-la. La vida ya se había retirado, ficant-se als grises intersticios entre fullatge dels arbres, the ciment dels edificis y la nua rock de lújanes montanas”.

Regresó a Barcelona por tercera vez en 1933, cuando el 5 de abril salió de París en tren y llegó a la ciudad para pasar cuatro noches, de nuevo desde el campo hasta Avisa, esta vez acompañado de sus amigos Jean y Giette Selz. En una carta dirigida a Inge Buchholz fechada el 25 de junio de 1933, Benjamin explica: “Desde que ando por Barcelona y ando aquí, no he tenido ni una sola ocasión de interesarme por el cine, el teatro y otras cosas de allí. Ahí, pero asistía a shows en una taberna que era un salón de baile que imaginaba la vida y era indescriptible. Sótó et recordó la famosa «pequeña caja entre los señorios» durante la inflación. La pregunta es cómo todo es posible allí y, de hecho, la respuesta es: «es una ciudad portuaria». Más tarde, Jean Selz también recordaría esta estancia cuando dijo: “Passàvem les nits al Barri Xino, que fue el extraordinario Barri Xino d’abans de la Revolución Española. Una humanidad frenética expande el cabaret, avui desapareguts”, en seu llibre Viaje a las Islas Pitiusas, señala Carmen Rodríguez, historiadora del arte y profesora de la Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona (ETSAB). Según Rodríguez, podemos concluir que Xino Benjamin y Selz visitarán los cabarets Sacristà, Criolla y Sevilla. Me imagino el pensador errante, el nit, envuelto en humo y alcohol, entre conversaciones imposibles, movido por ideas amenazadas y ridiculizadas a la luz del día.

La acción tiene lugar más tarde, en septiembre de 1940, cuando Europa estaría cubierta por el manto negro de la guerra, a 173 kilómetros de Barcelona, ​​en el Hotel de France, en Portbou, después de beber y pedir cinco refrescos alrededor de Lemonade, el jueves, Alemania no tendrá fuerzas para correr, mirar o pensar. Mataré en una de las muertes más simbólicas del siglo XX, una época tumultuosa de símbolos y muerte.

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